calorcito de abuela, calorcito de familia…
Nos hemos reído. He paseado en carro. He comido en casa de mi abuela que encontré cosiendo. Porque “yo vengo de un país donde hay mucho que coser, mucho que surcir y mucho que planchar.”(¿de quién es este verso que no encuentro en google?)
Por ahora ni he pasado mucho calor porque por todos lados hay aires acondicionados haciendo la batalla. Pero el calor importante: el de la risa, la familia y los amigos. Ese ya lo encontré. Lo bello es que aquí uno anda, y por todos lados conoce gente. Sobre todo en esta época. Ya me he comido como 2 libras (¡o un kilo!) de guineos (qué los españoles por alguna razón extraña llaman plátanos).
Qué alegría tan grande, aquí con el consentimiento de todos los míos. Estar en casa de mis padres se siente como ser una princesita. Una princesita mimada.
Pero me falta, me falta mucho. Ver a amigos y enemigos y a los nuevos bebes. Así que me voy para aprovechar cada minuto.



