Si la vida fuera tan fácil como jugar Ato-Ambo.
El master de la Complutense no era más que mi excusa oficial para tomar un año sabático. Pero aún así el programa me resultó insufrible. Yo pensaba que como son módulos donde cada semana el profesor y el tema eran distintos no había forma de que fuera malo, pues con la variación siempre saldría algo interesante. Pero después de un trimestre aturdida con el aburrimiento de profesores malazos que vociferan sus ideas no sustentadas por tres largas horas todos los días. Después de habernos sorprendido tantas veces cuando ya estábamos seguros que el peor módulo ya tuvo que haber pasado, sólo para encontrarnos con algo aún peor. Después de pensarlo, consultarlo y conversarlo con amigos, familia y completos desconocidos por horas y horas y horas. Después de haberme quejado desconsoladamente. He decidido que es mejor perder 2 mil euros y tres meses, que un año y 4 mil euros.
Así que renuncie del master. Mi razón oficial es que el programa no encaja con mi perfil, pero siento y pienso que no encaja con ningún perfil. El director del master, Felicísimo Valbuena, me ha escrito un mail diciendo, “Me alegra tu decisión”. Claro, la que perdió tiempo y dinero fui yo. Más allá de defraudar mis expectativas, me siento incluso un poquito estafada.
Pero eso no es lo importante. Lo importante es pasar el mal trago rápidamente. Porque lo malo es que la mala onda del master le estaba quitando un poco a mi experiencia madrileña que la verdad es sensacional.
Como igual quisiera utilizar este tiempo para continuar mis estudios, porque soy una absoluta enamorada de la academia, me he inscrito en otro programa. Claro, primero los conocí y conversé con ellos. Parece ser serio y sensato. Pero les cuento más la otra semana que es cuando arranca.
Igual, más se perdió en el diluvio. Y no todo es pérdida porque he encontrado amigos increíbles que valen mucho más. A ellos no los abandono absolutamente.
(con lo caros que han salido, jijiji)
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