una mañana surrealista
Wednesday, May 31st, 2006antes de que estuviera 100% despierta el teléfono sonaba. Cada vez que lo cogía escuchaba un tono, el tono de espera de que te contesten la llamada, o de un fax buscando desesperadamente otro fax con quien conversar. cerraba y volvía a sonar hasta que estuve totalmente despierta.
mi vecino, que no estoy segura que tipo de fabrica de construcción 24 horas tiene allá arriba, escogió esta mañana para hacerse unos zapatos con dos bloques de cemento, y practicar un baile similar al tap pero ausente de ritmo.
me fui a la ducha, llevando una camiseta blanca de algodón limpiecita. hay que decirlo, estaba en el tendedero cuando la encontré. solo fue ponermela, limpiecita toda ya de una ducha fresca, y me encontré en el espejo con que del escote en forma de v salía una mariposa. no una mariposa de las de Márquez, no. una de esas mariposas como de polilla, color sucio, como del tamaño de un dedo pulgar de una mano más pequeña de la mía. una experiencia un poco cinematográfica, pero más un can andalus que amelí.
y en el preciso momento que salí al balcón con sartre que dice: “este es el peligro de llevar un diario: se exagera todo, uno está al acecho, forzando continuamente la verdad”; justo en ese momento caía del piso de arriba a la calle un cable que aterrizo sobre la cabeza de un chico que llevaba las gafas echadas hacia atrás sobre su cabello. él me volvió a mirar y no me preocupa que piense que fui yo la que lo agredió con el cable descartado, me preocupa sentirme culpable.












Esta es la tía. Personaje clave de este blog ya que sus comentarios son abundantes, generosos, siempre graciosos y a veces indescifrables. Me fui a visitarla en Italia en estos días y nos dedicamos a hacer autopistas, que somos nómadas. En ferri cruzamos Lago Maggiore, sin parar en Stresa donde dan plata falsa. Pero visitando a un San Carlone gigante que tienen en un pequeño pueblo. En Pisa encontramos a Valeria, más rubia y enamorada de un espadachín polaco. En Firenze asistimos a una boda en un castillo. En Génova comimos panisa y farinata
