De niños teníamos patos en casa de mi abuela. Jugábamos a las carreras. Siempre siempre siempre ganaba el pato Johnny. Mi abuela tejía las medallas. Y el pato ganador, Johnny, se negaba a tenerla en el cuello y se escapaba con los otros en cuanto podía. 20 años más tarde mi hermano me explico que no se puede diferenciar a un pato del otro, por lo tanto el primer pato que llegaba ese era Johnny.
En Salamanca, acostadas en el huerto de Calixto y Melibea. Mon vio uno pájaro extraño, ¿qué es eso? CJ dijo: “Una gaviota” y yo de pronto dije (alguna burrada) y luego, “es un pato volador”.
Ni tengo que decirles lo ofendido que estaba nuestro guía, que todos los patos vuelan, que la-ra-li-la. Pero es que lo de “Pato volador” suena demasiado gracioso, yo por lo menos todavía me estoy desatornillando de la risa. Bueno, pero esta historia tiene un final muy terrible. Al día siguiente en el almuerzo… me almorcé el pato volador de Salamanca, pero debo decir que estaba delicioso. Así que no es terrible nada, prosigamos que en mi vida hay más patos de lo que jamás imagine.
Uno de los recuerdos más bellos de mi infancia fue un día que mi abuela me llevo a comprar patitos en salsipuedes. De chica me daba horror salsipuedes, cuando lo veía en la televisión, porque y si no puedía. Pero cuando iba no me preocupaba de nada, porque no sabía el nombre, sólo sabía que vendían salaos, hostias chinas, dulces de mandarina de goma y estrellitas. Y el recuerdo que tengo, que probablemente sea un sueño, es que había una tienda especializada en patitos amarillitos. Y que fui ahí con mi abuela y salimos con patitos amarillos.
Cuando regresé de Salamanca a seguir estudiando empece a leer un libro que se llama “Una caja de cerillas” de Nicholson Baker — que me gusta tanto que voy a hacerle un post solo para él que este ya va demasiado largo. Pues que en el libro hay una pata, Greta. Es divertidísima. La pata llego a esta familia por casi-casualidad y pasa las noches de invierno en una casita de perro cubierta por una manta. Y el dueño, el protagonista, el padre de la niña que ganó el pato en un rifa, le da agua caliente para que se le quite el frío. Ay y sólo pensar en lo bello que es un pato tomando agua. Y a veces la deja entrar en la casa para que se caliente un poquito. Y a mi me entran unas ganas de tener un pato-mascota otra vez.
Hay un lindo patito que ha llegado a mi vida en estos días: Adium que es un software para usar msn en la mac que funciona mucho mejor que, digamos, messenger. (La última versión está genial pero si no tienes el último sistema operativo, que sale nuevo cada martes, no funciona. No existe backwars compatibility para mac. Es terrible) y cuando alguien te manda un mensaje dice ¡Quack!
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