
Junio:
- fin del año escolar
- temporada de cerezas
El único año escolar que estoy terminando es el del Taller de Fuentetaja (el master no termina hasta febrero). Es increíble todo lo que he aprendido, y no menos importante lo divertido que ha resultado. Prácticamente una nueva manera de ver el mundo. Esta gente es muy inspiradora. Primero porque conocen muy bien la literatura y el oficio de contar historias. Y segundo, practican lo que predican. Lo que predican es ir siempre por el detalle y la concreción. Ellos han logrado ser concretos en la enseñanza de algo tan efímero. Además de enseñar los trucos, y siempre dicen “todo el literatura es truco”, te contagian su absoluta pasión por las historias.
El taller no ha terminado aún, pero solo faltan un par de clases. Ayer me llegaron los últimos apuntes por correo electrónico y fui a espiralarlos* porque quiero conservarlos siempre. No solo para mantener algo tangible de esta experiencia, sino porque cada uno de los textos que envían es muy bueno.
¿y las cerezas? Sólo una excusa para desearles un feliz viernes.
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* Del verbo espiralar: poner algo en espiral. Estoy perfectamente consciente que dicho verbo no existe**. Pero en mi cabeza, ponerlo en espiral automáticamente se convierte en espirarlarlo. ¡Inmagínate como me han mirado en la espiralería! Bueno, lo importante es que estas faltas son mías y no tienen porque reflejar mal en Fuentetaja.
** ¡actualización! Si existe. Pero en portugués. Debe ser que en mi vida pasada hablaba esa lengua o que subconscientemente he aprendido algo de todas las horas dedicadas a escuchar bossa nova.



