
Me gusta escribir, pero me cuesta mucho escribir para la escuela. Mis profesores dicen que para escribir tienes que tener algo que decirle al mundo. Por lo general tengo muchas cosas que decir. Eso lo saben mis amigos que han escuchado mi apasionada defensa de los derechos de Oaxaca y quien ha visto este blg. Pero me quedo petrificada cuando tengo que entregar un texto.
Escribir sobre escribir es lo que mis profesores llamarían “un lujo”, léase: aburre hasta a las ostras. Por otro lado es algo así como el 80% de la literatura actual, más razón para que las pobres ostras estén desesperadas. Pero voy a optar por voltear aquí un poco de mi ansiedad sobre escribir para la escuela, en vez de corroer mis hígados. (Tomemos un minuto para cruzar todos los dedos para que nadie ni remotamente relacionado con la escuela vea ésta página).
Lo único que tengo que decirle al mundo en este momento es: “Por favor llama más tarde, está es una grabación”. En cambio, a mis ostras queridas, les ruego que no me abandonen.
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Dejo por aquí el discurso de Paul Auster, dice “¿qué tiene de malo la inutilidad?”



