Llegue de Italia con mi acento de panameña alborotado, pero no solo eso: aprendía a hacer concolón (¡!).

Que belleza, ¿no?
Aunque la verdá,
no esta tan gueno
como el de la queridísima tía.
De hecho,
nada que ver.
Pero ya practicaré,
hasta que quede priti-priti.



