Ayer fui a la tercera clase de baile en el gimnasio. No sé porque insisto en tomar clases de baile, aunque esto no es en nada como en el Bohío Florencia donde enseñan salsa con método y detalle crítico. Esto es brincadera y meneadera coreografiada. Son bailes caribeños pero a veces ponen música árabe [culpo a Shakira].
A mi me encanta bailar. No tengo ninguna facilidad pero, como peden ver aquí, igual me divierto. Y ayer por primera vez me divertí en la clase, donde normalmente estoy tensa y me siento observada por el pelotón de fusilamiento anti-desincronización. No me importo que todos giraran hacia la izquierda mientras yo: una mano en la cabeza y la otra en la cintura. No tengo ni idea de como se hacen las cosas en Barranquilla. Seguro es mejor ni saber, e ir al ritmo de mi propia coreografía. Porque mi modelo a emular en el baile y en la vida es: Matt.
Aprender siempre enriquece pero es mejor si uno no se olvida de divertirse. Espero no olvidar esto ahora que vuelvo a la escuela. Pero así definen a las personas creativas: aquellas no tienen miedo a equivocarse muchas veces.
(en cuanto me acuerde del nombre del libro lo pongo, lo tengo en la punta del teclado)



