Mi hermano me recordó este post que es de mis favoritos. Increíbles recuerdos de la infancia y de mis abuelos. Estoy leyendo un libro de la editorial Fuentetaja (la de mi taller de escritura creativa) que dice algo así como que para escribir ficción lo importante es tener una abuela maravillosa. Según Ana Ayuso:
“Si la escritura es causada por la inhalación de un virus, es seguro que el reservorio de ese virus se encuentra en la infancia. No sólo en la infancia de los hombres, sino también en la infancia de la literatura, en la narración oral, en los cuentos que nos contaban las abuelas; porque, ¡cuantas abuelas hay en los textos que nos hablas de la infancia! Seres mágicos, casi mitológicos, que pueblan los senderos de ese territorio al que no accedemos más que por la vía peligrosa de la memoria.”
Ahora estoy tratando de hacer arroz con lentejas como el de casa de mi abuela, pero me he distraído un poco y no se que saldrá. El olor de las lentejas se llevará el olor de limpieza que me a costado toda la mañana lograr. He limpiado todo y por todos lados y que bueno que vivo en este huequito tan pequeñito porque soy una ama de casa terrible. Estoy exhausta.
Los dejo con este poema que me envió mi bella abuela por email:
Canta la madre pobre
Este niño pícaro se burla de mí,
Cierra sus ojitos y los vuelve a abrir.
Basta de jugar, basta de reír ,
Cierre los ojitos quèdese así.
¿Qué primero un cuento?
Pues sí, niño sí.
Había una vez en cierto país
mucho que lavar,
mucho que planchar,
mucho que zurcir.
Por cierto que los niños dormían allí.
Y usted, digame,
¿no piensa dormir?
¿Quiere un besito?
Uno y cien y mil
pero a ver si ahora se duerme por fin
que su madre vive en aquel país
donde hay mucho que lavar,
mucho que planchar,
mucho que zurcir.
Francisco Luis Berdiales (argentino)



