Es absolutamente delicioso cuando las cosas empiezan a amarrarse solas, cuando entre detalle y detalle del caos que es cada día encuentras un sentido. Una especie de hilo conductor. Últimamente me esta sucediendo mucho.
Por ejemplo, T.S. Eliot - estoy obsesionada con su poema A love song for J. Alfred Prufrock (Una canción de amor de J. Alfred Prufrock). Tengo el MP3 leído por el autor, pero hace tres días tuve que imprimirlo. Tenía ganas de saber como era la traducción al español, porque es bastante inútil memorizar un poema en inglés. Inútil en el sentido que es más difícil de compartir con amigos, única posible rentabilidad de la literatura {para mi}.
La cosa es que fui por el libro a la biblioteca ayer pero no estaba, así que conseguí Borges en/y/sobre cine {maravilloso}. Hoy volví a la biblioteca porque quede con un amigo, y allí estaba el libro y fotocopie el poema. Y cuando volví a casa al libro de Borges menciona el poema de Eliot.
restaurantes con serrín y conchas de ostras:
calles que siguen como una aburrida discusión
con intención insidiosa
de llevarnos a una pregunta abrumadora…
Ah, no preguntes «¿Qué es eso?»
Ya. Que no hace sentido alguno {aunque sospecho a alguien se río}. Pero en el fondo hay una sincronía mágica. Quien sabe no quiera decir nada, quizás solo murmura que la vida tiene sentido. Que todas las pequeñas cosas pasan por una razón.
Que lo detalles cuentan,
como las cucharitas de café,
para medir la vida.



