Desde que empece el master hace un año he tenido los tres libros que te presta la biblioteca como máximo constantemente en casa. Me aterrorizaba retrasarme en devolverlos o mucho peor perder uno, y cuando encontré esta tira de Charlie Brown me sentí tan identificada que la tuve como papel tapiz en mi compu por meses.

Pero como te prestan los libros por un mes entero y generalmente tenía poco menos de una semana para leerlos, siempre los devolví a tiempo. Excepto en los últimos días de diciembre, cuando me di cuenta que había olvidado devolver “Fragmentos de un discurso amoroso” de Roland Barthes. Irónico que debía haberlo devuelto el día de mi cumpleaños, pensar que debía ser una fecha de la que no me iba a olvidar. Además que Barthes no era parte de la bibliografía estricta, sino que me lo había apuntado como aliado, como apoyo moral.
Fue una traición. No sé como no me di cuenta, y se paso la fecha y ahora no me prestan libros. Pero todo acaba mañana y no ha sido demasiado terrible, nadie ha salido lastimado. He tenido que movilizarme para visitar los libros pero hay que decir que ahora, después de un año de estar leyendo sin parar cosas que desde un principio no entendía, da igual. Estoy exhausta de los existencialistas y harta de los griegos.
Quien sabe estoy harta porque esto no era para mi. Para mi que creo que el más importante escritor y pensador del siglo veinte es Charles Schults.
—good grief—



