
Un espléndido compañero de oficina me regalo un dulce que se llama super-coco, si justo igual al Archibaldo super-heroe español.
Me temo que mi compi de oficina es algún tipo de super héroe porque me mejoró el lunes casi a nivel de felíviernes —pero no digamos tanto, con lo que a mi me gusta exagerar. Con este dulce de coco que sabe extrañamente familiar, como a cocada de toda la vida pero en cuanto lo muerdes te paraliza la mandíbula con sus super-poderes.
Se siente tan extraño trabajar en una oficina tan grande y tan azul uno que quería ser artista. Menos mal que estoy rodeada por superhéroes.



