He estado leyendo sobre las dudas de Madre Teresa. No me preocupan sus dudas en torno ha Dios, porque su vida es testimonio de inmensa fe. Pero no me gusta que sus cartas privadas, realmente íntimas, sean publicadas y cuestionadas.
Pueden preguntarme porque las leo: soy débil. Pero me habría gustado que en su vida Madre Teresa hubiese tenido paz en su corazón, y me parte el alma leer su desesperación y su soledad. Aunque no podría ser de otra manera. Son cosas difíciles de entender.
Y la única paz que encuentro es el recuerdo de un cuadro de Botero en una iglesita en Carrara, donde sale Madre Teresa en el paraíso. Una Madre Teresa de Botero. Una Madre Teresa gorda. No se necesita mucha fe para pensar que su corazón debe estar en paz ahora. Aunque ella dice que estaría ausente del cielo, iluminando a los que están en la oscuridad de la tierra.



