Hoy aunque salí tarde del trabajo fui a correr. Sobre todo porque el fin de semana entero lo pase durmiendo, bueno excepto por los largos períodos de tiempo que dedique a comer: guacamole, tacos, rissoto, salchichitas, alitas, y más y más ¡riquísimo todo!, tomar ron-ponche y acabar con la caja de heladitos que tenía en el congelador.
Y claro, con semejante consciencia mi almuerzo de hoy consistió en una ínfima ensalada super-saludable, con suficientes proteínas para que fuera válida como comida pero sin exagerar. Cuando volví de correr me encontré fuera de la oficina con una compañera que apenas salía y aprovecho para aconsejarme dulcemente: “Qué bien que haces ejercicio, pero no puedes comer sólo ensalada.” ¡Ja!
Seguro que no se trata de comer sólo ensalada, es importante también perdonarse los descarrilajes y buscar el balance.



