Pienso que uno de los lujos más grandes de mi vida es que la mayoría de los días me levanto sin despertador.
Lo pongo solo cuando tengo que alguna cita muy temprano o un día complicado. También lo pongo cuando me salgo de horario, porque no me gusta despertarme demasiado tarde (pasadas las 8).
Bueno, quien sabe la razón principal de poner el despertador sea ir a correr.
En fin, ni siquiera lo consideraría un lujo sino fuese porque mi abuela insistía en que era algo muy importante. Pero ciertamente, los ritmos naturales no deben ser maquinados así. Es muy preferible crear un hábito y vivir con sus variaciones naturales.
Muchas veces me cuesta dormir. Me levanto a las 4am — es un poco incómodo. Y cualquier cosa me lo puede detonar. Pensar que hable demasiado alto en un sitio inadecuado, por ejemplo. Cualquier tontería. Cualquiera.
Menos mal que puedo dormir más, si vuelvo a dormirme. Y que también puedo “ajustar” durante el día. Porque dormir mal es una de las cosas que me vuelve poco productiva. Funciono fatal.
Claro que lo mejor seria poder concentrarme en dormir en forma continua. No dejar que mi mente me despierte, de pronto por acordarse de una cosa o inventar otra. Vivir el presente incluso en los sueños.
Dormir profundamente. Ese es el verdadero gran lujo.