Feliz viernes, ya parece verano. ¡y hay naranjas!
y mi corazoncito está desenfrenado.
Además es mi último fin de semana de yoga. De claustro yogíco. De Yoga Maratónico. O como le dice Gladys, de alabar a las vacas. Ha sido un montón de tiempo dedicado a este entrenamiento pero estoy muy contenta de haberlo hecho.
He aprendido un montón de cosas y he llegado más profundo en mi propia práctica. Y es algo que llevo conmigo (incluso a la cima de los cerros dice la foto) y que puedo dar a los demás. Es muy mágico.
Ahora todos crucen los dedos a ver si me graduo.
Y suerte en la maratón a todos los corredores: Acá algo de yoga especial para recuperarse.