Lo primero que hago cuando me levanto influye mi humor, mi productividad y mi día entero. Me encanta escribir, pero también dibujar y salir a correr. Pero a veces esta bien quedarse un rato más en la cama y perecear paseando el café por toda la casa.
Aquí va un tributo a todos los rituales mañaneros:
¡Despierta brillando como el sol!
Me tomó unas 24 semanas entrenar para mi primer maratón, es exagerado pero a mi lo que me gusta es entrenar. La disciplina y las metas semanales y ver como me hago más fuerte. Entrené para soportar el calor, para pasar más de 4 horas corriendo y mejoré.
Me tomó 5 horas y 2 minutos correr los 42 kilómetros y aunque me fue bien1 y me sentí fuerte y estaba bien contenta fue difícil. Me daba mucha ilusión eso de haber ‘correr más de lo que nunca había corrido en mi vida.’ Había pensado en repetir esa frase cada pasito después del kilómetro 35. También tenía un mantra: ‘preparada y paciente’ pero después del kilómetro 38 solo podía repetir preparada, la paciencia la había dejado atrás. Me preguntaron si había querido dejar de correr y no, lo que quería era llegar. No es que no pudiera correr, es que correr no era cómodo ni tampoco caminar ni detenerme si lo intentaba me acalambraba. Fue duro pero no era un sufrimiento insufrible, se sufría muy bien. Son esos momentos a los que llegas y no hay más nada y te das cuenta que tienes algo más. Te das cuenta que hay en ti más de lo que pensabas.
Además de ser una clásica meta personal2 la maratón de Panamá se convirtió en un inmenso evento y gran celebración y alegría cuando Ivana lo tomó de excusa para volver a Panamá a correr con Fondito. La magia de este equipo es demasiado grande para tratar de explicarlo. Cada quien hizo su carrera pero haberlo compartido lo multiplica un millón. Varios corrieron relevos, los 21 kilómetros, muchos estuvieron de apoyo. Quizás Laura corrió por pura ilusión y Carlos por presión de grupo. Ni me imagino que pudo haber sido para Ivana. Y soy suertudísima de haber tenido a Andrés como parce-pacer. La cosa es que todos enloquecimos y el 2 de diciembre a las 5am estábamos en la partida y Roger se me acercó reído y me dijo “ESTO es un Fondito.”
Todos mis amigos estuvieron orgullosos desde antes de ese momento. A los del team se los veía en los ojitos, dos veces antes de la carrera mejore mis tiempos3 . Mis yoglers también me lo decían. Todo el mundo estaba muy muy muy seguro que me iba a ir bien, creo que no se hubieran extrañado minimamente si clasificaba para las olimpiadas y a la vez no había forma de que se sintieran defraudados. Más que haber logrado hacerlo, me infla el pecho saber que esta gente realmente cree en mi, estaban orgullosos y sé que lo iban a estar pasara lo que pasara, eso es muy grande. Soy muy afortunada. Terminé la maratón con más de una docena de besitos recibidos por el camino.
Desde que cruce la meta me han preguntado muchísimas veces si lo volvería a hacer, es difícil decirlo aunque me temo que si. A un momento en que me parecía muy duro lo que le estaba haciendo a mi cuerpo me pregunte por qué lo hacía y la verdad es que no sabía. Pero en ese momento estaba ocupada en sobrevivir, digo en llegar a la meta. Pero si me había quedado un vacío allí.
Hasta anoche, exactamente dos semanas después me di cuenta porque lo había hecho. Es una cuestión de auto-conocimeinto e iluminación. Hice trampa porque me copie4, pero no importa, así es que uno va entendiendo el mundo: explorando. No es la distancia ni el kilometraje ni la medalla ni el nombre de la carrera. Es pasar a través de ese sitio difícil, llegar a un punto incómodo para tu cuerpo para ver de qué estas hecho, que tienes más y que puedes llegar más allá5 . Para mi la única experiencia similar es el Camino de Santiago. Son experiencias que te dejan ver lo que tienes debajo de la piel y no solo con las ampollas.
No sé cuándo corra otra vez, pero en febrero me voy con la mochila y para mi esas son partes de un solo camino.
Siempre estoy contemplando contratar un coach para entrenar, creo que podría mejorar muchísimo teniendo a alguien que me guiara y hasta me empujara. Pero también me gusta inventar y hacerme mi camino. Así igualito que en la vida. No me va mal pero seguro podría irme mejor.
Ahora conseguí un coach, no para entrenar sino para la vida. Me da alegría el hecho que ahora cada vez más gente los usa1 porque va hacia desarrollarte como una persona completa y no solo la parte del trabajo o la parte atlética. Me parece que vamos caminando hacia la plenitud2.
Lo había pensado antes pero solo pensando en el aire. Cuando supe que Andrés se había certificado y estaba en eso me decidí. Él es una de las personas más cool que conozco, así que por lo mínimo algo se me puede pegar por roce. Además en El Valle Trail Race va a hacer 50 kilómetros, con lo cual voy a tener un UltraCoach.
Lo del coaching es interesante– primero llegas con un tema y te das cuenta que en realidad tienes otras cosas que mirar. Por no decir problemas más serios. Eso esta bien, es el tipo de perspectiva que te da hablar con alguien y salir de tu propia cabeza. Ver las cosas más claras.
Lo otro es que siempre uno tiene la esperanza de que alguien te diga qué hacer, pero parece que mi coach tiene bien claro que ese no es su papel. No que no ayude, en realidad ayuda un montón, tiene su magia el procedimiento y su preguntadera. Tiene su punto, definitivamente es muy valiosa la forma en que alguien desde afuera te puede ayudar a transformarte hacia aquello que quieres. Incluso plantearte más claramente qué es lo que quieres. Definitivamente da un empujón.
Y creo que un empujón me va a llevar bien lejos.
Mi vida esta en constante cambio. Pero es que a veces toma unos giros que ni me puedo imaginar. Y de pronto, sin notarlo algo que daba vueltas por ahí se vuelve mi centro. Y el centro se mueve, se mueve el piso y luego todo esta bien y seguimos adelante como si nada. Pero todo distinto o quizás todo sea igual.
TS Elliot estudió sanscrito, sanscrito es el idioma de yoga y mi palabra favorita es parivrtti que puede que signifique giro. O puede que signifique un círculo en otro círculo o moverse o dar vuelta o regresar o revolución. Porque no siempre las palabras tienen el mismo significado. Ni en un idioma anciano ni en uno susurrado.
Qué más puede uno querer en la vida que un sacapuntas mecánico
Un lápiz afilado
Un guapísimo
Y como si fuera poco: olor a infancia.
El año pasado escribí:
Y quería actualizarlo. Esta es la época en que uno se replantea el futuro con más ímpetu y vale la pena aprovechar.
Hacer este proceso por escrito no cesa de sorprenderme. Por ejemplo, ahora en diciembre he estado pensando bastante en que una de mis metas que me cuesta más es aquella de ‘mantener el escritorio ordenado’ y francamente he contemplado borrarla definitivamente pq mi escritorio, mi escritorio no se ve debajo de tantas cosas. Libros, platos, goma, alfileres, cajitas, fotos, tijeras, sellos. Algunas veces pongo orden, pero espontáneamente vuelve al caos. Estoy lista para rendirme y me encuentro que el año pasado puse:
yo archivaría orden dentro de la categoría salud, porque los efectos de una casa ordenada y un escritorio despejado son profundos.
Me va a tocar volver a considerarlo. Había decidido que si es así de difícil me salía mejor poner directamente Ser un ninja.
Y eso es lo único que voy a poner aquí para sumarle a eso y que me salga el doce de 2012:
12. La importancia de lanzarse más allá de lo que uno conoce, de lo que sabe que puede alcanzar. De pensar en GRANDE y de atreverse. Tengo la esperanza de que ser un ninja sea tan o más saludable que mantener el escritorio ordenado.
¡feliz año a todos! Ha estado genial.
Aquí está la guía del año pasado para replanteare el futuro. Suerte.
Aprendes mucho cuando pasas un par de días sin voz. Aprendes que en algunas conversaciones no hace ninguna diferencia que tú hables o no. Unas por la bella razón de que hay gente que entiende perfectamente tus gestos, tu mirada o quizás te lee la mente. Puedes hacer hasta chistes.
Otras gentes da igual, porque no es que te iban a dar mucha oportunidad para hablar y alegremente siguen parloteando.
Alguien te cuenta algo, te mira, se acuerda que no puedes realmente contestar, es decir conversar. Y es como si parte de ti no estuviera allí. Es como mirar a alguien echarte en falta.
Con lo que gusta hablar uno se olvida que no puede hacerlo y es como cuando no hay luz y uno se pasea toda la casa encendiendo y apagando switches. Cada vez que entras a un cuarto la mano va en automático. Me di cuenta que todo el todo lo que canto. Todo el tiempo tratando de cantar. Le das a encender la luz, pero la lampara no cambia. La voz no sale. Solo puedes ver a media luz. Solo puedes estar a medias. Callada. Sin cantar.
Y tenía mil preguntas. Hipótesis. Ideas enormes que compartir, para construir. Pero se aprende más estando callada, posiblemente. Se aprende lo difícil que es callarse. Lo más difícil de callar: las preguntas. Porque primero decides que no vas a preguntar, igual. Pero empiezan como a hervir. Y en desesperación, se cuelan gestos y algunas palabras. Y terminan saliendo salpicones de preguntas, preguntas que no eran LA pregunta, pero que vale. Por lo menos llegan respuestas, que siempre sirven.
Esas respuestas son destellos de ideas nuevas, chispas de más preguntas y poco a poco se aviva un loco fuego. Una luz encerrada en un silencio. Que es lo que te lleva por fin, en desesperación, a escribir.
—–
Todo el tiempo recordando cuando en Sevilla enmudecí.
Para mi yoga es una manera de llegar a la mente a través del cuerpo. De calmarla, callarla y otras veces inspirar y llenarla. Creo que a través del cuerpo puede llegarse quizás al espíritu. Es exactamente esa idea de la literatura de construir desde lo concreto y peculiar hacia lo abstracto y universal.
Otra ruta, estoy segura, es la poesía. Son las palabras. El lenguaje que nos hace humanos y nos permite hacer nuestro al mundo.
Ahora en este curso que estoy haciendo para ir más profundo en el yoga, me he encontrado con que ambas cosas se juntan. En que puedes ir con un grupo a hacer yoga y acercarles a tus más íntimas ideas e intuiciones del mundo. A tus autores más queridos y a esos versos que llevas siempre contigo.
Y luego, mágicamente te encuentras que no tienes tu libro de zen a mano y que en palabras de un poeta la idea de cultivar la mente del “no sé”. Un idea central del zen. Dice:
Por eso tengo en alta estima dos pequeñas palabras: “no sé”. Pequeñas pero con potentes alas. Que nos ensanchan los horizontes hacia territorios que se sitúan dentro de nosotros mismos y hacia extensiones en las que cuelga nuestra menguada tierra.
Es grande. Y es todo lo mismo. Se llega por muchos caminos.
He estado un poco trabada con mi trabajo. No con la parte que tiene que ver con solucionar problemas, con estrategia por decirlo así.
Sino con la parte que tiene que ver con crear, con generar ideas gráficas. Esa parte que por lo general es mi favorita. Me resulta pesado y lento. Como si solo logro tener una idea y una que no me convence. Y no convencida me estanco.
Ahora tengo una reunión de esas con alguien que no me conoce y tengo que preparar un portafolio. Y rebuscando en mi archivos encontré, no solo cosas que me gustan, sino también las millones de ideas rechazadas que están detrás. Ideas más-o-menicas que por buena razón quedaron atrás pero que incluso me acuerdo cuando era todo lo que se me ocurría para ese proyecto.
Ver todas las ideas que hay que proponer y rechazar para dar con algo que funciona me recordó que así es como se echa pa’lante. Tienes que procesar la idea 3.4 para llegar a la que funciona.
Ahora estoy más inspirada. Para trabajar y para equivocarme.