Si han visto apartamentos con un agente de bienes raíces, han escuchado ese asunto de que hay un estudio pero fácilmente se puede convertir en una recámara. Entiendo que lo hacen porque los promotores de los edificios tienen algún beneficio al inscribir su proyecto con menos habitaciones, entonces dejan la habitación sin puerta o algo así y lo llaman estudio.
Pero tener un estudio en casa tiene enormes beneficios. Un estudio, como mi estudio de diseño que queda en una de las habitaciones de mi casa, es un sitio para nuestros proyectos, para “estudiar” opciones y resolver problemas creativamente. También puede ser un espacio para trabajar con las manos, para coser o para dedicarse a hacer proyectos de instructables.
Todos tenemos mentes creativas y distintos talentos. La vida se hace más rica si los perseguimos activamente. Si hacemos espacio para disfrutar nuestras pasiones.
Volvernos gente del renacimiento y desarrollar nuevas habilidades son buenas metas. Por qué no trabajar en ello en vez de echarnos a dormir.
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Si tus pasiones son literarias puedes animarte al taller de escritura que empieza este sábado.
Hice esta bolsa con estas instrucciones de DesignSponge que había leído hace tiempo y miraba y miraba, pero no me atrevía a hacerla. Hasta que esta mañana en un momento de ¿dónde voy a poner el iPad? chanann:
La verdad es que cometí un montón de errores, pero sino cómo se iba a notar que es una cartera hecha a mano. Una cartera de diseñador. También tuve que ajustar los ojos y remaches porque no tengo esos aparatos.
Ahora, ya sé porque las carteras de diseñador son caras: los diseñadores se cansan mucho y tienen mucho dolor en la espalda. Aich. Por lo menos hoy no hubo sangre.
Anoche en una cena curriticidio, arme una mini-sillita.
Es perfecta para esta época del año de sentarnos a pensar en lo que celebramos, en lo que deseamos y en lo que celebraremos más adelante.
Aquí está la inspiración/instrucciones de la silla miniatura champagna de bistro. Solo con verla ya hay como entrentener los dedos durante las fiestas.
Hice un sombrero para la lluvia con cartuchos de arrocha. Me quedò bastante mal y la temporada lluviosa esta por acabarse. Hoy las cosas no han marchado muy bien pero sigue siendo ¡feliz viernes! y hay que festejar.
Sigo en mi afán por hacer zafús y he encontrado que la mejor forma de rellenarlos es con una mezcla de arroz y de toallas jubiladas. Esas toallas que ya han dado su todo y están un poco mustias y ya ni pueden con su vida. Se han enflaquecido y han cumplido ya con sus servicios como toallas.
¿Por qué no darles otra oportunidad para tener un impacto positivo en la vida? Me gusta mucho hacer cosas reutilizando otras que ya no tienen qué hacer. Es como darles otra oportunidad y es una oportunidad para no botar tantas cosas. Porque hacer basura de algo que puede reencarnarse en zafú. y ayudar a alguien a alcanzar la alegría y la paz con sus meditaciones diarias.
Ayúdenme por favor a encontrar toallas que llenen este perfil. Yo las paso a buscar, las toallas estarán felices y los dueños seguro que también.
Y no dejen de avisarme si quieren (o necesitan) un zafú
Nadie sabe para quién trabaja:
Estoy muy muy contenta con mi zafú, quisiera hacerlos para más gente ¿quieres uno? Me avisas.
Al elefante le encanta, es que meditar eleva, agranda, elefanta.
A veces nos cansamos eso si. De hacer cosas. Lo que llena de energía y alegría es que se arrejunten las pasiones.
Hoy me hice mi propio zafu —un cojín cosido para sentarse a meditar (allí está el mío en la foto, color sol). Fue facilísimo, seguí las instrucciones y todos los materiales los tenía en casa. Excepto por el arroz q use para rellenar en vez de buckweath que no sé qué es.
Después de cambiar de correr por las madrugadas a las tardes, pase una temporada escribiendo mucho por las mañanas. Lo cual está super bien, pero escribir también destripa. Ahora he pasado a meditar por las mañanas. Es una práctica extraña pero fenomenal. Creo que me hacía falta porque me pavie un mes de yoga, así que retome los ejercicios de respiración por la mañana y así quede en esto.
Hace un poco más de dos años aprendí una meditación que se llama loving kindness que es un trip total. Es algo que te alborota la compasión. La verdad es que es algo que me tocó y que se ha quedado conmigo.
Los ejercicios de respiración no solo me sirven para tocar los pies en la tierra por la mañana sino también para entrenar mis pulmones para correr y para limpiar mi cabeza.
Todo el día tengo un vaso de agua a lado de mi teclado, pero en las mañanas tengo también una taza de café. Cuando digo las mañanas no me refiero a los primeros 30 minutos sino a toda la distancia. Y muchas veces tengo alguna otra cosa además de agua. Así que un solo coaster no me funcionaba y me hice este en el que puedo tener dos tazas, un vaso de agua y una taza o un platito de cereal y un vaso.
Yo misma lo estampe y tenía miedo que no aguantara el agua pero no hubo problema. Me encanta el contraste con el hilo naranja y que es asimétrico. Las cosas que uno pone en el escritorio y ve todo el día es mejor que gusten.
Ahora solo falta acabar con el desorden.

Me hice mi propia bolsa para el Yoga Mat. Sobre todo porque después de comprarme el tapete mi presupuesto para gadgets de ejercicio desapareció.
Las cosas hechas a mano tienen un valor especial que probablemente viene directamente del acto meditativo de la creación. Las producciones en masa por el contrario son un poco desalmadas. Las fábricas de dónde vienen tantas cosas bellas, baratas o no, no tienen el ojo del artista sobre el hilo. Excepto, por ejemplo, en Hermes que tiene una política del más alto aprecio del artesano pero que tampoco podría decirse que produce en masa. No digo que esas cosas no sean geniales también, p.e. Ikea, Nike y hasta Zara. Pero son distintas.
La hechura a mano tiene el carácter de la no perfección zen que se acerca a lo que nos hace humanos. Esta también el amor por el oficio. La dedicación. El goce. Las cosas que se hacen con las manos quedan impregnadas de cierta alegría.
Estoy dedicando mucho de mi tiempo a coser y a hacer cosas con las manos. Siento que enriquece mi vida, me ayuda a pensar y hasta a entender un poco el mundo. Es difícil de explicar, pero encuentro que muchos comparten ese sentimiento.
Hay toda una tendencia global hacia las cosas hechas a mano y hacia hacer cosas en este momento tan digital. Creo que es que todos lo necesitamos. Ese trabajo y de esa textura.
Estoy buscando oportunidades para vender las cosas que hago. Para así poder dedicar más tiempo y comprar materiales. Me han advertido que la labor manual no está del todo bien valorada. Así que todavía no sé si valga la pena vender. Me gustaría porque es una manera de compartir mis creaciones con gente que de alguna manera las valora.
Por otro lado, me encanta regalar las cosas que hago. Por suerte mis amistades las valoran o por lo menos eso me dicen a mi. Creo que es verdad, porque muchas las usan y luego tienen cuentos y de todo. Lo que me da mucha alegría. Esta navidad estoy tratando de hacer mis regalos. Voy lentamente pero avanzando. Solo la idea de que vayan a gustar me llena de alegría.