Mis marañones están ahora de dos veces mi altura. Por lo menos este, hay que admitir que hay varios más chaparros. Pero están grandes, con troncos anchos y hojas de purísimos árboles de marañon. Todo apunta a que este año será el año de la chicha.

Primero germinaron en mi casa.

Luego los lleve a Penonome:

En teoría este verano deben parir. ¡Qué alegría! Con razón hablan tanto de que uno debe plantar árboles, se los recomiendo de corazón, traen muchísima alegría instantáneamente. Y ni les hablo de los dos limones que están creciendo en mi sala.
Aquí va el audito de la plantación:
Una naranja feliz, no las conté pero son como cinco:

Para ser la tierra de la naranja, es raro que son las que más golpeadas van por las arrieras y por la vida, pero sobreviven:

Los marañones en cambio van llenos de bríos, son ocho:

Piña, si hay:

Un señor Papayo:

Puede que cosechemos suficiente algodón para un Q-tip:

Después del fiasco del guandú el año pasado, por ahora este verano todo pinta mucho mejor para cosechar pronto:

Y la yuca que por ahora es lo único que hemos sacado y comido. ¡Buenísima! Ha valido mucho la pena aunque es probablemente la yuca más costosa del mundo. Aquí viene más:

Esta es también la tierra del chumico, así que no podrían faltar:

Están a punto de dar flores, y ya saben lo que dicen: “Tengo un chumico en flor, nada me falta”

Las hojas están recogidas y apiladas para nuestro compost. Este año nos hacemos nuestra propia tierra negra. Obviamente vamos a ser ricos.

Y para cerrar con broche de oro, el río:

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