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Me vine a madrid a participar en talleres literarios porque me encantan. Mucho Mucho Mucho.
Pero lo que pasa es que ahora mismo no me acuerdo porqué me encantan. Sufro. Leer a un grupo de personas textos que sabes muy bien que son malísimos es un horror, horrible y horroroso. Y si sabes que los estás leyendo con acento de panameña, es peor. Ya mi instructor de cuento se dio cuenta que odio leer, el de poesía no porque el ejercicio anterior fue cortito. Pero si me animo a leer esta noche si que se va a dar cuenta. Porque me salió un texto más largo. Si todo va bien, lo voy a poner aquí para que se rían.
La cosa es que en los talleres se aprende, y me releí esto esta mañana y me acordé un poco de porque me gustan tanto los talleres. Creo que realmente sirven para aprender y para ver los textos que uno mismo escribe. Aunque uno se sienta un poco como idiota.
Lo maravilloso (y de lo que si estoy segura) es que uno se vuelve un mejor lector y eso es impagable. Además de los talleres me encontré con Harold Bloom que recomienda este libro sobre el relato que está completo en el web en ingles: The Lonely Voice de Frank O’Connor.
Además, maravillosamente han presentado un libro Cuentos de Anton Chejov (ya estaba pensando que iba a ser demasiado caro pero buscando el link me di cuenta que no, y casi salgo corriendo para la librería, pero me acorde que estoy en pijamas). Dice Víctor, que lleva el taller de cuento, que el traductor bueno de Chejov es este: Víctor Gallego Ballesteros. Y dice Harold Bloom que el cuento favorito del autor es El Estudiante, y ese está en esta colección, en la página 597 si no me equivoco.
A mi en general no me gustan los libros tan pesados, no digo que Chejov sea pesado, lo amo. Sino que es un libro gordo y no es fácil de llevar en el metro y en el avión y meterlo debajo de la almohada. Pero creo que voy a hacer una excepción.
Tengo un compañero de taller, Antonio, que ha contado un poco más del taller en forma más amena y clara.
Al instructor del taller de poesía lo fuimos a ver hablar en el Bukowsky Club. Bukowski es un escritor que a mi no me gusta para nada porque es ordinario y vulgar, puedo ver su valor pero la verdad es que no lo disfruto. El bar si era divertido y no sé cómo convencí a mis amigos de que me acompañaran. Pero lo más divertido es que Javi se confundía y en ves de decir el Bukowsky, decía El Chejov.
Lo que me recuerda que Jonás me dijo alguna vez: “No tengo idea quien es Chejov, pero sé que es amigo tuyo.” Y allí está, que a Chejov lo conocí por Fuentetaja. Que si le hubiese hecho más caso a mi abuela, lo habría leído antes. Pero es así, uno tiene que encontrar su propio camino.
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[Y ya que este post ha sido todo de Chejov aprovecho para recomendarles a los que viven en Madrid el teatro de Guindalera que fue donde vi La Gaviota que no era exactamente la obra de Chejov, sino una interpretación de ese texto por está compañía de teatro que es de mis favoritas madrileñas. Mis papás fueron a ver la obra cuando estuvieron de visita y la recuerdan muchísimo y me hermano aprovecha todas las ocasiones en que recordamos esto para contarnos que él vio La Gaviota en Central Park con Meryl Streep y Phillip SeyMour Holfman. Y que luego mi abuela le presto las obras completas de Chejov y la leyó. En fin, que desde octubre van a representar La Dama del Perrito o una interpretación de ese cuento extraordinario adaptado al teatro y con otro nombre.]




