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De la gorda relación entre narrador y autor
Thursday, November 13th, 2008El narrador es un personaje que cuenta la historia sea parte de ella o no,aunque sea el autor quien realmente está diciendo algo que puede ir más allá de lo que se cuenta. Creo que es por eso que se confunde mucho al personaje narrador con el propio autor, sobre todo cuando un texto está en primera persona.
Eso no tiene nada de malo porque los personajes tienen mucho del autor, porque es él quién los ha creado. Pero lo que tiene ese personaje de su autor tiene más que ver con sus ideas y cómo interpreta el mundo y no tiene ninguna relación con la persona que es el autor. Por otro lado, escribir en primera persona me parece que es más justo para el personaje. Es darle su propia voz y ver las cosas a través de sus ojos.
Me gusta escribir sobre mujeres neuróticas, con sobrepeso, acomplejadas y qué no encajan en su realidad pero eso no quiere decir que sean mis complejos y mis desencajonamientos. Reconozco algunas de mis neurosis y hay muchas que trato de ignorar como también mis libritas de sobrepeso pero los personajes que escojo para contar una historia tienen más que ver con lo que quiero decir de con lo que soy. Aunque todo salga de mi.
Por eso ha sido un enorme cumplido que alguien me dijera de un texto en primera persona que no conocía ‘esa voz mía,’ quisiera pensar que esa voz no es ‘mía’ aunque sea yo quien la ha dibujado y aunque tenga muchas cosas mías, es la voz del personaje narrador.
Pero por eso también me dolió cuando alguien me dijo “tú eres ella” de un personaje con 20 libras de sobrepeso. ¡Me dijo gorda! No es que no lo sea, es solo que hay diferencias.
El lector no debe intentar ver al autor reflejado en el texto porque carece de valor lo mismo que si el autor solo pretende dibujarse en sus textos y además saca de la ficción que es lo que realmente vale. Salirse del cuento por querer ver los rollitos de grasa doblados en la cintura del autor no creo que valga la pena.
pre.textos
Wednesday, September 17th, 2008Me vine a madrid a participar en talleres literarios porque me encantan. Mucho Mucho Mucho.
Pero lo que pasa es que ahora mismo no me acuerdo porqué me encantan. Sufro. Leer a un grupo de personas textos que sabes muy bien que son malísimos es un horror, horrible y horroroso. Y si sabes que los estás leyendo con acento de panameña, es peor. Ya mi instructor de cuento se dio cuenta que odio leer, el de poesía no porque el ejercicio anterior fue cortito. Pero si me animo a leer esta noche si que se va a dar cuenta. Porque me salió un texto más largo. Si todo va bien, lo voy a poner aquí para que se rían.
La cosa es que en los talleres se aprende, y me releí esto esta mañana y me acordé un poco de porque me gustan tanto los talleres. Creo que realmente sirven para aprender y para ver los textos que uno mismo escribe. Aunque uno se sienta un poco como idiota.
Lo maravilloso (y de lo que si estoy segura) es que uno se vuelve un mejor lector y eso es impagable. Además de los talleres me encontré con Harold Bloom que recomienda este libro sobre el relato que está completo en el web en ingles: The Lonely Voice de Frank O’Connor.
Además, maravillosamente han presentado un libro Cuentos de Anton Chejov (ya estaba pensando que iba a ser demasiado caro pero buscando el link me di cuenta que no, y casi salgo corriendo para la librería, pero me acorde que estoy en pijamas). Dice Víctor, que lleva el taller de cuento, que el traductor bueno de Chejov es este: Víctor Gallego Ballesteros. Y dice Harold Bloom que el cuento favorito del autor es El Estudiante, y ese está en esta colección, en la página 597 si no me equivoco.
A mi en general no me gustan los libros tan pesados, no digo que Chejov sea pesado, lo amo. Sino que es un libro gordo y no es fácil de llevar en el metro y en el avión y meterlo debajo de la almohada. Pero creo que voy a hacer una excepción.
Tengo un compañero de taller, Antonio, que ha contado un poco más del taller en forma más amena y clara.
Al instructor del taller de poesía lo fuimos a ver hablar en el Bukowsky Club. Bukowski es un escritor que a mi no me gusta para nada porque es ordinario y vulgar, puedo ver su valor pero la verdad es que no lo disfruto. El bar si era divertido y no sé cómo convencí a mis amigos de que me acompañaran. Pero lo más divertido es que Javi se confundía y en ves de decir el Bukowsky, decía El Chejov.
Lo que me recuerda que Jonás me dijo alguna vez: “No tengo idea quien es Chejov, pero sé que es amigo tuyo.” Y allí está, que a Chejov lo conocí por Fuentetaja. Que si le hubiese hecho más caso a mi abuela, lo habría leído antes. Pero es así, uno tiene que encontrar su propio camino.
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[Y ya que este post ha sido todo de Chejov aprovecho para recomendarles a los que viven en Madrid el teatro de Guindalera que fue donde vi La Gaviota que no era exactamente la obra de Chejov, sino una interpretación de ese texto por está compañía de teatro que es de mis favoritas madrileñas. Mis papás fueron a ver la obra cuando estuvieron de visita y la recuerdan muchísimo y me hermano aprovecha todas las ocasiones en que recordamos esto para contarnos que él vio La Gaviota en Central Park con Meryl Streep y Phillip SeyMour Holfman. Y que luego mi abuela le presto las obras completas de Chejov y la leyó. En fin, que desde octubre van a representar La Dama del Perrito o una interpretación de ese cuento extraordinario adaptado al teatro y con otro nombre.]

